Querida Juana,
Tras treinta y cuatro años de pasos y sonrisas, y de algún grito que otro, también es verdad, tus huellas quedan en cada rincón del IES Reyes Católicos.
Has sido el alma silenciosa que abría cada mañana con ternura —casi al canto del gallo, como tú has dicho tantas veces— y cerraba con cuidado los sueños de todos.
Hoy las llaves cambian de mano, pero tu luz no se apaga: queda prendida en cada aula, en cada saludo, en cada recuerdo.
Gracias por tanto, Juana, por cuidarnos todo este tiempo.
Te llevas nuestro cariño, y dejas tu nombre en nuestra historia (la maravillosa e increíble historia del IES Reyes Católicos).
La comunidad educativa del IES Reyes Católicos
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